Viernes 23 de octubre de 2026
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La mística copera de Estudiantes: el legado de Zubeldía y la reedición del choque histórico con Palmeiras

A más de cinco décadas del triunfo inolvidable ante Palmeiras de Brasil en Uruguay, Estudiantes de La Plata volverá a verse las caras con el «Verdao» para definir la Gloria Eterna.

Un repaso por la filosofía que revolucionó el fútbol sudamericano, la estatua del maestro en UNO, la trayectoria continental del León y el convulsionado trasfondo político y económico de Argentina y Brasil.

Para Estudiantes de La Plata, la Copa Libertadores de América no representa un torneo más en el calendario, sino la competencia que moldeó su identidad, su cultura institucional y esa palabra grabada a fuego en el fútbol mundial: la mística.

Tras sellar una clasificación épica al meterse en la definición continental, la historia del fútbol sudamericano se prepara para revivir una de sus páginas más memorables, ya que se reeditará de forma exacta el duelo de 1968, en el que Estudiantes conquistó su primera Copa Libertadores venciendo a Palmeiras. El escenario no podría ser más simbólico, ya que la Conmebol confirmó que la finalísima volverá a disputarse en el mítico Estadio Centenario de Montevideo, el 28 de noviembre próximo, la misma tierra neutral donde nació el mito albirrojo.

La primera final continental en la historia del Pincha lo enfrentó contra el poderoso Palmeiras de Brasil en una serie electrizante que demandó un tercer partido de desempate. En el encuentro de ida, jugado el 2 de mayo de 1968 en la mítica cancha de 57 y 1, Estudiantes pegó primero y se impuso por 2 a 1 con goles de Eduardo «Bocha» Flores y Juan Ramón Verón. En la vuelta, disputada el 7 de mayo en el Estadio Pacaembú de San Pablo, Palmeiras reaccionó y ganó por 3 a 1, con descuento albirrojo convertido por Marcos Conigliaro.

Como en aquel reglamento no se computaba la diferencia de gol, la definición se trasladó a territorio uruguayo. Fue así como el 16 de mayo de 1968, el Estadio Centenario presenció la gloria albirroja cuando, con una actuación táctica impecable, Estudiantes venció 2 a 0 merced a los tantos de Felipe Ribaudo y Juan Ramón «La Bruja» Verón, consagrándose campeón de América por primera vez.

La Plata fue una locura, y miles de aficionados festejaron en sus calles y colmaron la plaza Moreno, el día que los campeones regresaron a la ciudad.

El verdadero arquitecto de aquel equipo revolucionario fue Osvaldo Zubeldía. Tras asumir a comienzos de 1965, el Zorro transformó el fútbol profesional introduciendo conceptos inéditos como los entrenamientos en doble turno, la investigación científica del rival, la estrategia sobre pelota parada con jugadas preparadas en tiros libres y saques de esquina, el manejo del achique de espacios con la trampa del offside, y la profesionalización del descanso y la nutrición deportiva. Zubeldía instaló la convicción de que el trabajo, la disciplina táctica y el esfuerzo colectivo podían superar cualquier jerarquía individual.

En reconocimiento a su obra indeleble, el club inauguró en el Estadio Jorge Luis Hirschi una estatua de bronce en honor a Osvaldo Zubeldía. La obra, ubicada junto a la de Carlos Salvador Bilardo y desarrollada con el impulso de la dirigencia encabezada por Juan Sebastián Verón, retrata al entrenador con sus tradicionales libretas de apuntes, inmortalizando el concepto del laboratorio y el trabajo diario como pilar institucional.

Aquel cruce histórico de 1968 no se disputó en un vacío, sino en medio de un tablero político, social y económico sumamente complejo que atravesaba a las dos potencias sudamericanas. Tanto Argentina como Brasil se encontraban bajo el yugo de dictaduras militares que utilizaban el deporte como una ventana de cohesión social y proyección internacional.

En la Argentina, el país transitaba el segundo año de la dictadura autodenominada Revolución Argentina, liderada por el general de facto Juan Carlos Onganía. En lo económico, el plan del ministro Adalberto Krieger Vasena aplicaba una fuerte devaluación del peso, congelamiento de salarios, retenciones a las exportaciones agropecuarias y una agresiva apertura al capital extranjero.

Aunque el régimen intentaba proyectar una imagen de estabilidad inflacionaria y modernización económica, la tensión social y sindical crecía por debajo de la superficie, sirviendo como antesala del estallido popular que convulsionaría al país al año siguiente con el Cordobazo. En ese marco de censura, represión y ajuste, las hazañas internacionales de la Tercera que Mata y el Estudiantes de Zubeldía representaron una inyección de orgullo popular y un refugio identitario para la ciudad de La Plata.

Brasil, por su parte, vivía bajo el régimen militar instaurado tras el golpe de Estado de 1964 que derrocó al gobierno democrático del presidente João Goulart. La economía brasileña iniciaba la antesala de lo que se conocería como el Milagro Económico, caracterizado por altos índices de crecimiento industrial y obras de infraestructura, a costa de un fuerte endeudamiento externo, la supresión de derechos laborales y un acentuado incremento de la desigualdad social.

A nivel político, 1968 fue un año bisagra para el gigante sudamericano: ante la creciente protesta estudiantil y obrera, el gobierno militar decretaría hacia finales de ese año el nefasto Acto Institucional Número Cinco, endureciendo al máximo la censura, persiguiendo opositores y clausurando las libertades civiles. En ese clima, Palmeiras, que emergía como el gran estandarte futbolístico de la potencia industrial de San Pablo, representaba el pujante poderío económico brasileño en la vitrina continental.

Por este lado, estaba Estudiantes de La Plata. Y pocos clubes en el mundo exhiben un paralelo familiar de la dimensión histórica de los Verón. Por un lado, Juan Ramón «La Bruja» Verón se erigió como símbolo absoluto de la era Zubeldía, siendo una pieza descollante en la Copa Libertadores de 1968 al convertir cuatro goles a lo largo de esa edición, incluyendo el tanto decisivo en la tercera final de Montevideo ante Palmeiras. Fue el estandarte del tricampeonato consecutivo obtenido 1968 y 1970, anotando también en la mítica final Intercontinental ante Manchester United en Old Trafford.

Por otro lado, Juan Sebastián «La Brujita» Verón surgió como heredero natural de la mística, regresando de Europa en el punto cumbre de su carrera para devolver a Estudiantes a la cima de América. Como capitán y referente futbolístico, guió al equipo a la conquista de la Copa Libertadores en 2009 y tiempo después trasladó su liderazgo a la gestión institucional, convirtiéndose en el actual presidente del club, desde donde impulsó la reconstrucción y modernización del estadio de 1 y 57.

A lo largo de su rica trayectoria internacional, el conjunto albirrojo disputó cinco finales de Copa Libertadores, cosechando cuatro trofeos y sufriendo una única caída decisiva. La primera estrella llegó en 1968 frente a Palmeiras tras una electrizante batalla librada en tres actos. En la ida disputada el dos de mayo en La Plata, Estudiantes abrió la cuenta con un tanto de Eduardo «Bocha» Flores a los treinta y siete minutos de la primera parte, pero Servílio igualó para el conjunto paulista en el inicio del complemento; sin embargo, a tres minutos del pitazo final, Juan Ramón Verón estampó el 2 a 1 definitivo que desató el delirio albirrojo.

Cinco días más tarde, el 7 de mayo en un colmado Estadio Pacaembú de San Pablo, el equipo local impuso condiciones e intentó asfixiar tácticamente a la visita: Tudão abrió el marcador a los 18 minutos y Servílio amplió la ventaja sobre el cierre de la primera mitad, mientras que Marcos Conigliaro logró el descuento para Estudiantes que firmó el 3 a 1 final.

Como la diferencia de gol no desempataba la serie, la consagración se resolvió el 16 de mayo en el Estadio Centenario de Montevideo, donde la pizarra táctica de Osvaldo Zubeldía alcanzó su punto de gracia. Felipe Ribaudo capitalizó una corrida memorable a los 13 minutos para poner el 1 a 0, y a 34 del segundo tiempo, «La Bruja» Verón rubricó una maniobra individual inolvidable para sellar el 2 a 0 definitivo con el que Estudiantes alzó la primera Copa Libertadores de su historia.

Al año siguiente, en 1969, Estudiantes obtuvo el bicampeonato tras superar a Nacional de Uruguay con triunfos por 1 a 0 en Montevideo y 2 a 0 en La Plata, con goles de Eduardo Flores, Marcos Conigliaro y Ramón Aguirre Suárez. El tricampeonato consecutivo se concretó en 1970 ante Peñarol de Uruguay, con victoria por 1 a 0 en La Plata gracias al gol de Néstor Togneri y un empate sin goles en Montevideo.

En 1971 llegó la única final perdida en el historial, cuando tras vencer 1 a 0 a Nacional de Uruguay en La Plata con gol de Daniel Romeo, caer 1 a 0 en Montevideo y perder 2 a 0 en el desempate, el título quedó en manos del conjunto charrúa.

La cuarta consagración continental se dio en 2009 frente a Cruzeiro de Brasil, en una serie inolvidable que comenzó con un empate sin goles en La Plata y se definió en Belo Horizonte con un histórico triunfo por 2 a 1, con tantos de Gastón Fernández y Mauro Boselli.

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