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Murió Jorge «Locomotora» Castro a los 59 años
El boxeo argentino perdió a uno de sus guerreros más queridos. Jorge Fernando “Roña” Castro, también conocido como “Locomotora”, murió a los 59 años tras descompensarse en el bingo de Morón, según informaron fuentes policiales. El deportista sufrió una descomposición en el interior del establecimiento. Por el momento, se desconocen las causas de su fallecimiento.
Nacido el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, Santa Cruz, Castro fue campeón mundial de la categoría mediano y protagonizó una de las hazañas más memorables del deporte nacional. El 10 de diciembre de 1994, en Monterrey, México, remontó una pelea que parecía perdida ante el estadounidense John David Jackson: con el rostro ensangrentado y un ojo cerrado, conectó un gancho de izquierda que derribó a su rival y le permitió conquistar el título. Después bautizó aquel golpe como “la mano de Dios”, en un guiño a Diego Maradona, de quien era amigo.
A lo largo de su carrera, Castro disputó más de 140 combates profesionales y defendió su corona en dos oportunidades, incluida una victoria ante Reggie Johnson. Su estilo aguerrido, su resistencia y su potente pegada lo convirtieron en un ídolo popular que trascendió el ámbito deportivo. Sin embargo, su vida también estuvo marcada por momentos difíciles: en junio de 2005 sufrió un grave accidente automovilístico en Buenos Aires, que le provocó un colapso pulmonar y requirió una intervención quirúrgica de urgencia. Pese a la gravedad de las lesiones, volvió a subirse al ring, fiel a una personalidad que había construido sobre la perseverancia y la capacidad de sobreponerse a la adversidad.
En los últimos años, su mayor desafío estuvo lejos de los cuadriláteros. Durante la pandemia, Castro impulsó comedores y merenderos en Lomas de Zamora y colaboró con otros espacios comunitarios mediante la distribución de alimentos.
ras mudarse a Morón, trabajaba para abrir un nuevo comedor con capacidad para 500 personas. En octubre de 2025 había advertido sobre el agravamiento de la situación social y el aumento de adultos mayores que acudían en busca de un plato de comida. “Ahora no vienen los pibes, viene la gente grande, personas de 70 años que se ponen a llorar porque se jubilaron y no les alcanza la plata”, había relatado.
Su compromiso nacía de una experiencia personal que nunca ocultó: “Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos”, expresó en una entrevista.